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(200) La mala suerte

bonhamled @ 05:47 Tags:
Los últimos pasos del condenado hacia el paredón los dió sin mirar ni a los guardias, ni al juez que daría fe, ni al verdugo ejecutor ni tampoco pensando en sus presuntos delitos. Tuvo un arrebato de mirar hacia el aire, airado, pero desistió ante el temor supersticioso, miró al suelo y entre el terrizo y ceniciento suelo bajo su mirada en la madrugada fría sintió que el fragor interno de su vida se deshacía en instantes.
Pensaba en su mujer, llorando tras su desaparición, y en su hijo, hijo de la cebolla, que no le recordaría, y a su familia: una olvidándole y otra queriendo no olvidarle.
Según se acercaba con sus zapatos viejos, su chaqueta raída y su andar torpe y arrastrado a la pared meridional y metafísica, soltó una lágrima que fue como un cántaro entero de alabanzas, preces y oraciones. En ese momento el cielo del amanecer se abrió, un instante, y se obró el milagro: antes de llegar al lugar de la ejecución había muerto (ataque al corazón según certificó el doctor).
El verdugo se preguntó si cobraría, el juez pensó en lo que ocurriría si se demostraba envenenamiento, el jefe de policía pensó en la forma de convertir eso en una huida a la policía y no en una tortura sofisticada, los funcionarios se persignaron y miraron al cielo, el funerario ni rebatió ni refutó, solo constató. El muerto se fue a la otra vida durmiendo y soñando que se levantaba junto a los suyos.

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