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(209) El ocaso de las ideologías

bonhamled @ 05:46 Tags:

Se pudo leer en el periódico el día siguiente:

"La reunión había sido muy dura, el dirigente principal de la sección marxista leninista pro rusa había pronunciado su discurso el primero. La respuesta a la intervención fue sorprendente por lo tibio y poco acorde a la unicidad de pensamiento, a la búlgara, anterior a ese congreso en el partido.
Los "tercermundistas", con la sección maoista y guevarista a la cabeza, realizaron la autocrítica de manera burda pero eficaz a la primera intervención. A todo esto, el sector troskista intentó intervenir en varias ocasiones, siendo acallado, desde su minoría, tildada de intelectual y, por tanto, burguesa. El jefe de la delegación disidente trostkista miraba al jefe de la sección marxista leninista rusa (visión Stalin, subsección Beria) y, sobre todo, a sus manos por miedo a un piolet tremebundo. Los visitantes esperandos: ni Berlinguer ni Cunhal, ni Carrillo ni Marchais ni ningún otro líder invitado pudo llegar a tiempo para consagrar la reprobación a la continua deriva socialdemócrata y revisionista que tenía el partido".
Mientras el comité central del partido comunista de almadormida (PCAL) discutía a voz en grito en la sede oficiosa de la bodega (los tres afiliados del partido sentados en la mesa), yo pasaba con algunos muchachos jóvenes camino de la era, a las afueras del pueblo, para jugar un partido de futbol en aquel día del principio, fresco aún, del verano.
Sabía, a ciencia cierta, que me perdía un momento glorioso de la crítica a Hegel por ..., o de la critica de Feuerbach por..., de la crítica de Marx por ..., o de la Crítica de Marcusse por ...., o a la Crítica de Heidegger por..... o de la Crítica de Sartre por..., o de la Crítica de Negri por..., pero cambié todas esas arquitecturas funambulistas por el vuelo de un portero a atajar una pelota (de un arquero para parar una bola) en un campo algo polvoriento pero que recordaba, en caballones, a la hierba y a las amapolas.
Mirando por la ventana de la tasca, al ver a la mocería encaminarse al campo de juego sin hacer caso a sus arengas, diatribas y discursos, los políticos supieron que el muro de Berlín había caído del todo y con ellas la mayoría de las ideologías que no fueran eclécticas y flexibles.

Comentarios(2) »

Jiménez — 21-12-2007 - 00:35:15 GMT 1

No te creo, Bonhamled. Manolo el maoísta me ha contado que no estabas en la era, que fuiste tú el que convocó la reunión en Almadormida. Y así debió ser.

Quiero que sepas que tengo en mi despacho un muñeco vudú de cada uno de vosotros. Al tuyo ya le faltan las manos.

Sois unos malos rojos que de tan malos os habéis vuelto locos, turba enfurecida. Después de dibujar conspiraciones con rouge en los espejos, dibujaréis hasta la eternidad vuestros enrevesados y diabólicos símbolos judeo-masónicos sobre el rostro de cada uno de nosotros.

La fuerza pública debería deteneros por ateos en evidente trance metafísico.

Bien sabes que algunos periodistas malnacidos me señalan utilizando el lenguaje de las señas chisporreantes, pero yo soy un médium. Un simple médium. Un testigo de la noticia y de la hecatombe.

Todo esto es una gran discoteca donde bailarinas a gogó multiplican su eterna disputa sobre la sacrosanta unidad de nuestra amada España. Es el nuevo ritmo de la temporada.

Yo, Bonhamled, sólo soy un mudo testigo que alabo sucesivamente a los futuros salvadores de la patria con las manos, con los pies y con el cuello.

Disfrazado de insecto, camino entre charcos y micrófonos oxidados para ocultar las lágrimas. Los insectos no lloran, ya lo sé. Pero sí los psicópatas. Enfatizo psicópata. Yo, el periodista disfrazado de insecto, esbozo ahora un guiño de terror para vosotros. ¡El fin del mundo está llegando! Y mi psiquiatra está de acuerdo conmigo.

bonhamled — 21-12-2007 - 06:28:21 GMT 1

Excelente tu tarea en la vida. Se necesitan jaculadores.

Mientras el comité central, en la taberna sigue discurriendo, yo miro el campo y los chicos jugando. En el horizonte de mi espalda una terrible ofensa y un terrible pasado.

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