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(216) Sección técnica nº 11. Instrucciones para odiarse

bonhamled @ 14:01 Tags:

Algún día, alguna mañana de un martes, sobresaltado y zaherido de tiempo te levantas odiándote.

En un primer tiempo lo achacas al oleaje del subconsciente o a "queseyo" pero el caso es más profundo: siempre es más profundo.

Tu actuar, tu ser, el ver, mirar, el haber dicho o haber callado, el absurdo de verse en el espejo, se vuelven enemigos y torpes. Te ves como un fardo inútil que se mueve sin ritmo y sin gracia, algo así como el más tonto y feo de la fiesta o quizás como la aburrida que todo el mundo evita en el salón de baile.

Este odio interno y profundo suele desperezarse con el avanzar de la mañana, con un desayuno copioso, con una conversación amable o, lo mejor, con mucho silencio. La comparación silenciosa con los demás siempre llena de moral las faltriqueras vacias de por la noche.

Otras veces no, ese odio como un Patrick Bateman real que desearía acabar con el mundo solo por no acabar, egoísmo reconocible, consigo mismo. Si este odio avanza, describe círculos o caminos, se hace interno y crece como una planta parásita pero olorosa en el interior se encuentra uno abonado a la depresión o incluso a la dulcísima locura.

El estallido último puede ser el asesinarse, como si eso borrara el estigma de esa verguenza matutina, o, también enajenarse en otro, convertirse en otro, callarse en medio del ruido para que el tiempo, la farmacopea o el devenir encime y borre, como un alud, esa personalidad grotesca.

En estos caminos se encuentra un porcentaje alto de la población, me atrevería a decir que entre el 71% y el 88%. En ese pasillo terrible es donde habitan vampiros del otro, superhombres y supermujeres de pecho de paloma, arrastrados que dan más gloria que pena, ínfimos adictos a cualquier cosa, religiosos sin parangón y alegres.

De todos ellos los alegres sin más apellidos son los más peligrosos. ¿Porque?, porque hacen los días empezar antes y, por tanto, encontrarse con esa legión de fantasmas cada mañana.

Comentarios(4) »

D.M. Jiménez — 23-12-2007 - 00:49:04 GMT 1

He seguido al pie de la letra tus instrucciones y ya me odio ferozmente. Es un odio que se clava como una estaca en el centro de mi cabeza para que vomite los pensamientos oscuros, se clava en el vientre como patada feroz para que vomite las concupiscencias del universo, se clava en mi corazón para que vomite la felonía de mis ocultas caricias y me arrepienta, me arrepienta hasta deshacerme las manos a golpes que van de mejilla a mejilla ofrecida.

Me aborrezco y no puedo moverme, Bonhamled. Estoy acorralado, martilleado, asaeteado, clavado, sorprendido en mitad del salón por los dardos arteros, observado por los cristales que reverberan desde todos los edificios de la calle. Desde que me odio, se mezclan en mí porciones de una tristeza y de rabia por aquello que de una u otra forma he dado por perdido. Afligido y solo, en mí están todas las pérdidas posibles. Reflexiono: ahora es la nada.

Feliz Navidad

bonhamled — 23-12-2007 - 06:15:04 GMT 1

AMigo Jiménez, tienes algo peor que lo que cuento.. estas picado de poesía.

Mal negocio.

lamaladelapelicula — 23-12-2007 - 17:48:56 GMT 1

Probablemente no era tu objetivo, pero se me hizo bonito leerte en uno de esos martes odiadores.

Me llenó de ilusión, soy una criatura no?

un beso

bonhamled — 24-12-2007 - 14:03:08 GMT 1

Muchas gracias mala.

Se agradece que el eco encuentre oreja sino es como esos árboles que caen en el bosque en la madrugada de una noche de invierno: ignorado.

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