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(220) El poeta abandona

bonhamled @ 08:58 Tags:

El poeta abandona su jardín y su parnaso. Desde tiempos del gran pútrido Chinasky o del mórbido Poe ya no vive ahí, puede que en un manicomio como Panero o en el filo caliente de un cuchillo.

El poeta abandona el hablar solo del amor porque es tan pequeño como un microorganismo y puede ser confundido con el no existir.

El poeta ya no viste de corbata ni imposta su vergonzante voz atiplada para recitar con recoveco de tumba delante de los personeros, no le entienden pero le compran.

El poeta no se cita con demonios en cafés, más bien convive con un demonio que es el vecino, la gente, los otros.

El poeta sabe que tras la hecatombe, el genocidio, el cataclismo no hay métrica ni hay orden, no hay moral, ni Dios. Se afana en construir una logomaquia ética con los ladrillos de adobe del pensamiento honrado.

El poeta duele y le duele, esta más herido que magullado y mira al futuro descreído de ideologías. Es el poeta: le llamo el poeta.

No todo el mundo le llama poeta, alguien le llama "sin hogar", otros rapero, otros más loco y casi todos inexistente.

El poeta es funda para guardar cuchillos, saco de punching para fascistas, desaparecido de policías, ciudadano cansadísimo y pagador de impuestos, bailador en el reloj diario del metro.

El poeta abandona la poesía de estilo clásico y se zambulle en la verdad, la mierda y el tiempo. El poeta.

Comentarios(3) »

D.M. Jiménez — 30-12-2007 - 17:10:11 GMT 1

Atravesamos el jardín. La puerta de la casa del poeta está cerrada. Se buscan otras soluciones. Quedamos frente a la ventana. Y, sin demora, quebramos con violencia el cristal y penetramos uno a uno. Se agarra el brazo del aterrorizado rimador en postura forzada a la espalda, de un ligero golpe se le inmoviliza. Gesto de dolor. Imposibilitada huida. Observación: intenso olor a humedad.

Gran liberalidad del grupo. Se le permite tenderse en el suelo, cerca de su piano.

No más concesiones. El grupo se constituye en tribunal. Eva lo preside. Se hace desvestir al poeta. Se resiste (no mucho), intenta permanecer con la frazada cubriendo el pubis. Debe arrancársela. Intenta tapar el sexo con las manos. Se atan las manos a la espalda. Dificultades para conseguir que eleve la mirada.

El cuerpo del poeta azulea. Contorsiones de índole nerviosa o provocadas por el frío. Comienza el interrogatorio.

Resumen de sus respuestas a nuestras preguntas: se identifica. A la 1ª: que no es cierto. 2ª: Ídem. 3ª: lo duda (se fuerza la declaración). 4ª: (Dubitativo. Apreciación de matiz afirmativo). 5ª: no es cierto. 6ª: jamás. 7ª: no. 8ª: calumnioso. 9ª: va contra su dignidad. 10ª: efectivamente. 11ª: no sabe. Se suspende el interrogatorio. Observación: obstinada negativa a colaborar.

Orellana y Senarte sostienen al poeta, lo extienden hacia abajo sobre los portores. Eva y Alexia cantan el salmo 12. Yo tomo las disciplinas. Son de cordón trenzado, terminan en 8 cabos, iguales, encerados. Se flagela todo el cuerpo. Primero las posaderas, luego la espalda, después las extremidades, se insiste en las palmas de manos y plantas de pies. Se ha provocado un color saludable al poeta. La sangre circula en torno a las señales dejadas por el flagelo. Se hace preciso dar la vuelta al poeta. Nueva flagelación. Especial cuidado con los pectorales. Pierde el conocimiento. Se le inyecta cardiazol. Tras unos minutos recupera la conciencia.

Nuevo interrogatorio. No sabe. No recuerda. Nunca. Puede. Jamás. No. No. Insistimos: no.

Deliberamos. Comprobada resistencia del poeta se decide la crucifixión. En el rito concelebrarán todos los asistentes.

Se buscan maderos. Inútil la búsqueda. Los trozos del piano no sirven. Cunde el desaliento. Conciliábulo: por mayoría se confirma la crucifixión de cualquier modo.

Se mantiene en el suelo al poeta. Está lívido. Intenta articular. No puede. Se prepara el berbiquí. Dos del grupo le sostienen las extremidades superiores e inferiores. Se mantienen tensas. Se introduce el berbiquí. Se sigue la técnica de la dirección de las agujas del reloj. La carne no hace virutas. Al cambiar la dirección para extraer la pieza, mana sangre, no en cantidad. Se procede una vez practicados los cuatro orificios a taponarlos. Se introduce gasa en cantidad. La sangre se coagula. Quedan extensas manchas oscuras en los labios de las cuatro heridas. Se lavan con agua oxigenada. Reacción: el agua al contacto con la sangre parece hervir. Se desprenden coágulos resecos.

Imprescindible reanimar al poeta. Se recupera. Gestos extraños, bruscos, con manos y pies. Parece haber olvidado lo ocurrido. Recuperación absoluta..

Despejamos la pared de los restos de empapelado. Se raspan varias capas de pintura hasta llegar a la blanca de fondo. Alzamos el cuerpo del poeta. No hay resistencia. Lo apoyamos en la pared. Se extienden los brazos y piernas. Se roza con las heridas el lugar exacto donde irán los clavos. Se aparta el cuerpo del poeta. Queda jadeante en el suelo. Trabajamos la pared en las marcas amarillas con el berbiquí. Se hacen cuatro orificios idénticos. Dificultad en el superior izquierdo. Tocamos muro. Se insiste hasta perpetrar orificio. Volvemos a extender los brazos y pies del poeta con idéntica presión para que coincidan con los puntos marcados. Se le sostiene entre todos mientras se inicia el gran rito.

Búsqueda de los clavos. Encontramos tres. Cabezas macheadas. Nueva dificultad: al parecer el cuarto se resolverá con ingenio. Se espera hallazgo.

Se procede a clavar los pies. No brota sangre. Diámetro del clavo, en eje, inferior a orificio coagulado. El torso del poeta se mantiene apuntalado a la pared, mediante presión de mano en el abdomen y en un hombro. La cabeza decae, intenta recuperarse con falsa dignidad. Igual operación en la mano derecha. No hay emanación de sangre. El cuerpo, todo, se mantiene en postura forzada. La mano izquierda sostenida a la pared por alguien del grupo subido a la mesa.

Hallazgo. Se desmenuza una de las flores secas, encontradas junto al piano: es una rosa. El tallo, sin quitar las espinas, es pasado por la mano hasta rascar el fondo del orificio en la pared. La parte externa del tallo se dobla para hacer tope.

El grupo se reúne. Cantamos el salmo linfático de la rosa. Quemamos sándalo. Disminuye el olor fresco del poeta. Se le exhorta a que conteste. Interrogatorio último. A la 1ª: incierto. 2ª: lo ignora. 3ª: no sabe. 4ª: no. 5ª y 6ª, ª: (se niega a contestar).

Consumación.

Cantamos nuevamente el salmo 12, linfático en la variedad de la rosa roja que expiró en blanca sin espinas.

Nos acercamos con el escarpelo preparado. Hacemos una incisión limpia a la altura del corazón que sacamos. Se seccionan las arterias y venas que lo sostiene. No se vierte sangre. Cantamos el salmo 12 de la esperanza de la rosa roja que se negó a deshojar.

Se pasa la víscera al cuarto de baño. Se abre uno de los grifos: chorro de agua fría, primero con herrumbre, después cristalina. El agua acharola el corazón.

El corazón es enterrado en la maceta de tierra estéril. Una vez comprobada la muerte del poeta, germinará la flor roja, tendrá tantos pétalos como miembros asistan, cada miembro degustará un pétalo, pétalo que ingerido recubrirá en capa acharolada la víscera de quien deguste.

bonhamled — 31-12-2007 - 19:54:58 GMT 1

Excelente, excelente, dificil parangón. Excelente.

La lira y la sardineta del poeta para el comentador.

D.M. Jiménez — 01-01-2008 - 03:21:46 GMT 1

Muchas gracias, amigo Bonhamled. Me encanta tu cáustico y disolvente sentido del humor.

P.S. He reunido esta noche, en armoniosa compañía, a Kafka y a Onetti, a Johnathan Swift y a Edgar Allan Poe. Te envían, al igual que yo, un cálido y fraternal abrazo.

Salud!

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