(255) El espiritu de la lumbre
El espíritu de la lumbre, burlón, bailarín, rojizo, amarillo. Marrón de tierra, blanco de sol.
Tiene de demonio djinn y de sátiro su danzar concernido, su hipnosis hermética, su crepitar que es sueño y secreto.
La lumbre se convierte en polvo, como el tiempo y los hombres, pero da calor, da vida y convierte lo cercano en inminente. Es señal, icono y signo de vida.
La lumbre a veces pacta con el Demonio pero no siempre, otras con Dios al que tiene poco que pedir.
La lumbre baila sin música, roba atenciones y llena cabezas de libertad, libertad de aire y de millas.
La lumbre no deja sombra, no busca redención, ni roba. Es lumbre, solo lumbre. Pero lumbre que es repositorio febril de sueños, viático de mañanas.

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