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(266) El vendedor

bonhamled @ 08:08
- "Señora, me atrevo a llamar a su puerta para ofrecerle un producto que, sin duda, no debe faltar en su casa" - El vendedor ofrecía con ese prurito literario y escénico aprendido. La señora con la bata y el pelo despeinado, de andar por casa: siempre "fuera de sitio", pretendía cerrar la puerta, tras abrir esa pequeña rendija por donde se coló el eslogan:

"...Serán sin duda más felices en su familia..."

La vida, el tiempo, las circunstancias, el horizonte cada día más cercano, la oscura tendencia a la muerte y el tiempo, siempre ese puto tiempo que caía como agua de lluvia. Ella pensó, en su hospicio domestico donde se acogía a sagrado días y días, atrevámonos y busquemos ese elixir ya perdido entre pañales, gritos de niño, reuniones en el colegio y angustias verdes de diverso color otoñal.

- "Hace, bien en permitirme acceder a su hogar, puesto que le traigo a un precio casi ínfimo el artilugio, jaja, permítame que lo llame así (chiste preparado decía el manual del vendedor). Sin duda las tardes de domingo, esas que son intermitentes, o cuando su marido va a hobby, si lo tuviera.. por cierto, ¿lo tiene?" Ella recordaba las madrugadas vacías mientras Leandro empuñaba la caliente culata y se iba a balear inocentes animales con amigotes, y respondió sin saber ni pensar: "si, le gusta la caza". "El nobilísimo deporte cinegético, que tanta destreza y maña precisa"- Abotargaba con su discurso vacío lleno de perfiles de cliché de un imaginario diseñado por un publicista. Ella perdía los ojos en la ausencia de los días con él y sin el y asentía como ante un sacerdote en el púlpito.

"Señora, las ausencias de su marido, se pasarán ahora sin cuidado"- Redundaba el artero vendedor. Ella estaba en sus lágrimas, en sus tiempos perdidos, en sus ilusiones desgañitadas y en el tiempo, en ese turbio sentido de la dirección del devenir, que se había convertido en su enemigo acérrimo. " Pues no le entretengo más," la venta parecía segura a los ojos del vendedor; " y le indico el útil que hará su vida más entretenida y amable, que permitirá a sus hijos y a sus vecinos y amigos una diversión constante, para las veladas de amigos y para los veraneos"- Volvía el vendedor para afianzar antes de la firma.

Ella esperaba ansiosa ese elixir, esa absenta que le volvería al pasado pero, sin embargo, tras la retahíla de manual encontró la siguiente proposición:

"... sin duda, su casa no será la misma cuando compre este karaoke con las mejores canciones de hoy, ayer y siempre, no olvide que ...."

Ella no pensó más, se zambulló en la vinagreta de la angustia y el desánimo, se volvió hacia la casa y cuando el comprador pensaba que finalizaría su tercera venta del mes con los datos bancarios, le descerrajó un disparo de la escopeta de Leandro que le abrió el pecho en dos.

No supo, en ese momento, si dejarlo en el zaguán de la casa o, mejor, meterlo en su casa y en su cama; llamar a Leandro y esperar a que volviera, aquel martes de jornada de caza, con un presunto amante muerto en la cama y la policía esperándole.

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