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(271) Ciudad Haar

bonhamled @ 05:11 Tags:

La policía acordonaba el ascensor y las entradas del edificio Malxo. Los otros ascensores no dieron abasto los tres días posteriores. Nueve metros cuadrados y veintidós plantas, cuarenta segundos de viaje, dieron lugar a muchas especulaciones y misterios.

Al abrirse la puerta, siempre al final se abre una puerta aunque no siempre las de los cuartos pequeños, dos muertos, perfectos de terno de temporada pero destocados de elegancia patricia, muertos por un disparo de bala cada uno, la pistola limpia de marcas aparecía entre ambos cuerpos, y un aparente total desconocimiento entre ambos occisos tornasolados de muerte.

La policía no creía en los misterios y menos de Rouletabilles reporteros que buscaban el misterio.

La empresa, gigante de construcción, ambos muertos, Harald Haar, danés y Juan Luis Ciudad, español, desconocidos entre si, de nuevo en apariencia.

Los cuarenta segundos albergaban en su interior diferentes interpretaciones de corrillo: una leve discusión, una muerte de encargo o una resistencia feroz. Es difícil pensar lo que pudo ocurrir en esos cuarenta segundos:

Están a apunto de cerrarse las puertas con el pequeño y delgado rubio. El moreno de traje azul entra a la carrera

- Perdón, dice entre suspiros,

- Buenos días

- Good Morning.

- Perdón, creo que vamos a la misma reunión es ud Mr Jensen, de Irco and Co.

- No, creo que se equivoca.

- Lo lamento.

El feroz Juan Luis mira para otro lado y recuerda la foto que tenía en la mente, parece coincidir. Saca la pistola y cuando va a emplearla el pequeño danés se revuelve, en la lucha se dispara y acierta de muerte al más grande. El danés retrocede asustado, en ese momento el moribundo vuelve a percutir la pistola, casi sin fuerza. Mueren ambos

Sin embargo las grabaciones de vídeo parecen dar, al menos otra versión:

Entra el Señor Ciudad y en el piso tres entra el señor Haar. Es un bullicioso entrar y salir hasta el piso veinte, donde empiezan las plantas nobles, desaparece el resto y quedan ambos. Haar saca la pistola que lleva consigo (proviene de Beirut y tiene licencia de armas por su trabajo de asesor), se le dispara y le hiere. Preso de dolor se revuelve el señor ciudad intenta ayudarle, pero un espasmo inoportuno dispara de nuevo el arma muriendo ambos.

Los interrogatorios de los entrantes y salientes al ascensor: la señorita Oliva, el encargado internacional Holnicki, etc parecen dar lugar al menos a otra interpretación de los hechos.

El señor Haar y el Señor ciudad coinciden en al aparcamiento y suben juntos hasta la recepción donde primero se acredita el señor Haar, al que vienen a recoger. El señor Ciudad espera paciente su turno. Cuando llega al ascensor el señor Haar ya ha marchado. Cuando sube Ciudad, solo, en la planta trece ve que entra, equivocado de planta, Haar. Algunos ascensores solo llegan hasta la planta trece. Suben juntos, pero en la planta 20, antes de la zona noble una tercera persona entra en el ascensor, dispara contra ambos y antes de que se cierren las puertas, apenas ocho segundos, deja la pistola, pulsa la planta baja y espera paciente el ascensor.

La policía maneja otra forma de interpretar el crimen en el ascensor transparente:

El ascensor aparece en la primera planta, en esa planta se incorpora el señor Ciudad, destino a la planta 22, en ella ascienden cuatro personas entre ellas el Señor Haar, al llegar al a planta quince solo quedan tres personas. De manera discreta el tercer hombre pulsa el botón de la siguiente planta, con leve sorpresa del danés. La memoria del ascensor seguirá el orden de introducción de datos bajando, posteriormente a la planta entrada. Al despedirse el tercer hombre pulsa un dispositivo, en ese momento una bomba de gas inunda el estrecho receptáculo, mueren. El tercer hombre sube a la planta 22, dispara sobre ambos y deja caer una pistola.

Haar aparentemente podría haber tenido algunos motivos para asesinar:

Haar reconoce por fin a su burlador, el grande, y espera la forma para asesinarle, logra entrar, disfrazado, en el edificio de oficinas y sube en el ascensor sube con la esperanza de verle. En la planta cuatro coinciden durante un instante en el ascensor, Haar le dispara y acto seguido se dispara en el corazón, la pistola muerta cae entre ambos.

Algunos de los empleados manejan una versión hecha de recortes afilados aquí y allá, no es muy creíble pero tampoco imposible:

Es difícil un crimen de ese tipo pero un tercer hombre, se descuelga las 22 plantas desde el casetón de la cubierta del edificio, se posa, de manera sorda sobre la superficie del ascensor, espera una señal para su acción directa. Por la puerta aparecen Haar y Ciudad junto con un anfitrión que queda gestionando los pases de entrada a la zona noble. Suben en el ascensor, cuando llegan a la planta trece, la del cambio de ascensor, el anfitrión se queda, toma un teléfono móvil y pulsa un número memorizado, Suena, leve, encima del ascensor. Es la señal: El asesino se deshace de la portezuela posterior, dispara con la pistola cuando se cierran las puertas y deja caer la pistola, coloca el techo y repta hacia su salida en el tejado.

Todas estas teorías eran manejadas con mayor o menor entusiasmo por la policía. La locura nace de la aparente incongruencia entre las cámaras de vídeo: una por planta, otra en el aparcamiento más las del perímetro del edificio, también por la diferente declaración de personas que vieron entrar, salir, cambiar de planta, reunirse, no conocerse, abundar o separarse.

Incluso se exploró los caminos del hampa para ver si alguna otra teoría de asesinato por encargo era posible:

En la planta 22, la última, un director espera y ultima los detalles cuando la policía se hubo marchado, tras haber escapado de un atentado terrible, los dos asesinos, Haar y Ciudad le esperaron a la salida de la planta trece, la del cambio pero antes de que pudieran actuar fueron alcanzados por uno de sus guardaespaldas. El contratar actores, entrar y salir y buscar la confusión intenta esconder ese asesinato que a su vez esconde una lucha abierta y, desde ese momento, sucia en la compañía Malxo.

El asunto del espionaje industrial tampoco fue desdeñado por la policía a tenor del reciente contrato de adquisición de tecnología espacial entre el gobierno y Malxo.

Los espías Haar y Ciudad fueron llevados de manera subrepticia al edificio MALXO, descargados en el ascensor más alejado, una vez en el edificio central identificados a punta de pistola, en el ascensor, una vez cambiados de ascensor fueron ajusticiados y abandonados. La competencia da un mensaje claro y en la propia casa del ofensor.

La policía, al final, ha de quedarse con la versión del tiroteo injustificado entre los dos desconocidos. Es lo que tranquiliza más a todos y pone menos pimienta sobre lugares donde, sin duda, provocarían estornudo.

La verdad es, a veces, algo mucho más complicado de explicar, pero tambíen, más sencillo de entender: Dos amantes despechados buscan en inteligencia y conocimiento a su amador infiel y, al final, deciden suicidarse en el ascensor del edificio. La policía se marcha tras las iniciales pesquisas y el presidente en la soledad solemne de su despacho llora amargo la venganza de aquellos a los que amó menos de los que ellos le amaban.

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