(275) Polla dura
Un día me levanté y dejé el dolor.
El rosado pastel de alambre y sangre y tibieza que me encadenaba.
Dejé de mirar al suelo y perderme entre nubes nefelibata: adelante hasta el precipicio.
No permití a nadie andar a mi lado, golpe y abrir, amenacé corriendo al que iba delante.
De repente un demonio o una bestia se coloca delante de mi.
Cerrándome el paso, negándome, erigiéndose en señor, rogándome que le obedeciera, dándome su corazón a cambio del kilo de sangre de mi alma.
Le niego casi sin perder tiempo y miro al verde.
Me largo y se queda sollozando inútil. Yo, niño, rujo.
Continúo andando, enseño los colmillos Haller y alguno, quizás ateridos correveidiles, quizás aterrorizado picado de acolitazgo me dice: ¡Era Dios!.
Yo, sin parar, respondo: ¡¡Ya, y yo también!!

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del.icio.us
Un Comentario »
Ese título...
Muy bueno, el final, me obligo a leerlo de nuevo, esta vez contextualizado.
Saludos.