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(287) El inicio de la pesadilla de Abarra

bonhamled @ 19:57 Tags:

Desmond Abarra repasaba el día en su sillón mullido y confortable, muy fin del siglo XX. Tomaba notas mentales, trasladaba revisiones de informes, corregía datos y elucubraba un nuevo artículo de "psiconética aplicada en la zona XXI": "Datos y tendencias de criminalidad preventiva". Todo ello sin moverse de su sillón y escuchando silencioso y sin apremio aquella música mental "Milestones" de aquel extraño músico, Miles Davis, muerto hace más de cincuenta años.

Revisaba datos, escuchaba un rugido musical vocal o quizás un frufru de andar cercano o un bisbiseo eléctrico. Eran los ruidos en la zona siete, la zona de administradores, directores y clérigos políticos mezclados junto con el ir y venir de su hijo en su estancia de nivel III, más de 350 metros cuadrados y menos de 500 metros cuadrados, un lujo para una sociedad donde la acumulación de espacio era ya delito.

De repente un mensaje espontáneo y rápido surgió en su visor mental. Informe básico nivel III a Gedeón Abarra. Familiar nivel I. Personal responsable nivel III.

Un informe aleatorio sobre su hijo, un informe mental, un informe rutinario de redes sociales. El resultado se suponía nulo pero sin embargo surgió aquella luz amarilla que indicaba necesidad de estudio posterior.

Se levantó de un golpe y de repente vió a Gedeón visionando la televisión mental, tumbado, callado, quizás somatizando algún placer legal.

- Gedeón- ¿Has hecho algo hijo?.

Desmond Abarra descubrió su despertar de ojos vidriosos, como todos los jóvenes, y sus hablas primero inconexas, de vuelta de ese Olimpo artificial, y luego más estructurado.

"Yo, Papá, no he hecho nada, bueno... alguna vez he hablado con algún individuo tipo III y he leído algún pasquín de esos de papel, pero no más..."

Desmond Abarra descubrió como el mundo se le venía encima, repasaba, mientras andaba su memorión individual:

  1. Redes sociales incorrectas: dos puntos ley.
  2. Lectura de material prohibido: ocho puntos ley.
  3. Posesión de material biológico de papel con fines no investigadores: treinta y dos puntos ley.

Hasta ahora el duelo no era tal, todo ello era posible eludirlo desde su puesto de vicedirector del instituto de psiconética quizás algúna recomendación o algún curso suave en el verano donde pudiera hacer algo de deporte.

- Pero.. Gedeón ¿Que decía ese papel?..

- Papa, papá, ..nos engañan, todo este sistema, todo esta categorización, la lucha contra los forajidos de fuera de UN8r) es falsa. Todo ello es una pantomima.

Desmond Abarra sufríó con esas palabras un golpe físico equivalente a un atropello de vehículo de aquellos de las películas antiguas. UN instante de silencio que no avanzó porque se contuvo con Hiperión para evitar que sus niveles , ante el shock, fueran reportados a la central, como todos los funcionarios de nivel III.

- Gedeón, ese delito es de revolución contra el estado, contra el orden mundial y contra la paz acordada.

Su mente estaba protegida de escaneos mentales pero no la de Gedeón debemos dejar de hablar de esto ahora mismo.

- No te preocupes, Gedeón, que no pasa nada, pero por si acaso voy a enterarme de como están estas investigaciones rutinarias. Estate tranquilo pero no vuelvas a frecuentar a esas personas, te lo pido.

Gedeón sonrió adolescente, y volvió, con una leve punción de su soma particular, a su sueño inconsciente y juvenil.

Ya libre de escaneos Desmond Abarra comenzó a pensar, a valorar mientras un lanzallamas mental le escribía estas palabras: Delito L, Delito L.

Pasó tres días pensando en aquella preciosa silla del siglo pasado evaluando pros y contras, eludiendo revisiones rutinarias de documentación y pensamiento previendo posibles cambios, posibles caminos, auscultando algunos amigos, sirviéndose de su posición de investigador psiconético y sociopatológico.

AL cabo de tres días, tomó, más de doce mil millones de dólares Kulak, para aquellos que necesitaban sentir la moneda de plástico en la mano, y salió de casa: su función y fin: salvar a su hijo y a el mismo de una muerte cierta que no tardaría en producirse tan pronto se confirmasen los indicios.

La puerta electronia cierra con un zum poco audible pero de estruendo. Su vida había cambiado de repente.

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