(290) 20 ó 21
Con esa fuente de efervescencia biológica y absurda pretensión de inmortalidad os levantáis.
Sacudís el mundo con una mano impertinente y dais esa envidia que nos da a los demás el hecho repetido y cansado.
Una envidia sin sonrojo o, quizás, solo maculada por el arrebol de los ojos lascivos.
Juventud madura, madurez nínfula, fortaleza casi inexpugnable, la juventud.
Toda una orquesta de desconocimiento apellidan a vuestra donosura terrible, vuestra fuerza incontenible, vuestra realidad sin anclas del pasado.

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