(302) El español y el agua
El español reniega de sus vísceras y sus trapíos.
El español enrolla en sus rollos de lata toda su prosodia y retórica.
El español cainiza cada lunes y cada martes.
El español niega lo blanco por aceptar lo negro que niega el blanco.
El español mira a su nadir teniendo que levantar sus pies.
El español busca con un ojo al mesías mientras con otro lo derroca de su columna.
El español se desespañoliza para volver, lázaro, a una españolidad digna de traicionarse cada segundo.
El español odia al suelo y al cielo, al derredor y al jerarca.
Pero cuando el agua cae, el español se rasca la cabeza, parece cosa de mago o de dioses.
El español espera que termine la sagrada lluvia para continuar con la acechanza, la maledicencia, el brío retador y la autoantropofagia.

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