(322) La más dificil declaración de amor del mundo
No empecemos con el verbo, acabaríamos pronto, pero rodeemos la esencia a mostrar por la palabra, la acción, el sintagma, la proposición, la vida en letras (cómodas):
- Existen tres estados naturales de la materia: sólido, líquido y gaseoso, eso es claro. Además algunos físicos apuntan por un cuarto a medio camino entre todos: el plasma, con características de los tres anteriores y algunas más demiúrgicas, desdeñosas y taumatúrgicas.
- Consideremos, pues, cuatro estados físicos de la materia, tengamos en cuenta, también, pero con criterio más clasicista y, si se quiere, romántico, cuatro esencias naturales o cuatro composiciones de la materia: fuego, agua, tierra y aire.
En este momento y sin abundar mucho ya tenemos dieciséis estados físicos y composiciones combinatorias de la materia posibles.
- Esto nos da espectáculos tan edificantes pero tan poco científicos como el fuego líquido o el aire sólido. Una canónica absurda. No digo que no existan, porque existen en el muy empírico mundo de la poesía, lleno de veneros y regatos, cuando no rieras, ramblas, azudes, aluviones y aducciones, donde se esconden estos legendarios estados y muchos más que son herramientas y materiales básicos para expresar lo que busco.
Caigo en una trampa solo entendible por Stuart Mill o Compte, ¿No es mi interés esconderme tras una metafísica con rigor parduzco para explicar una epistemología muy primerona? Avanzo un paso más y digo: ¿no es una pulsión ahorrosa y pequeñoburguesa del asunto?. Opto por liberarnos de estados de la materia poco probables.
Ya permanente en este mundo poetiano que hablo, debo añadir a esta pléyade un estado natural, de la materia: endonaturalismo intrínseco u poetil y llamémosle Austeril o Alleniano por la paradoja judía o por el risueño sueño paranoico neoyorquino.
Este estado de la materia tiene características comunes con los anteriormente expresados, e, incluso, con las cuatro esencias naturales del viejo Aristóteles y su maestro socrático y cicútico Platón. Digo, casi sin equivocarme, que el barro con el que quiero forjar o fundir una frase tiene de sólido la agregación en moléculas a distancias casi fijas y el tener un volumen y forma casi determinada, aunque sus moléculas varían mucho y su forma y volumen amagan fijeza pero no permanencia. Tienen de malabarista el tiempo y la posición, pero, sin embargo de notario el amor a la ley que, traidor, se desaconseja a ratos. Estudiémoslo un poco más mejor que construir un pronturario rápido.
Este barro bíblico que moldeo transmite algunos fenómenos :
- Calor con gran rotundidad, como los sólidos, si bien algunos otros: el frío y la impaciencia con unas leyes muy volátiles (albertinianas, picassianas o quizás, en último camusianas, puede que hobbesiana). Quien lo toma februlento tiene el sabor en el semblante y en la capilla del altar mayor de la boca de un almodovarismo arrebatante.
- Tiene de líquido la posibilidad de fluir, de cambiar, de ser sin ser y de estar pero no estar (mezcla con tino o sin medida a Heráclito, Demócrito, Kierkegaard o Demóstenes, quizás solo fuera Leibniz), pero sin embargo puede ser igual de transparente que el agua o como el asfalto líquido de oscuro sin perder ni un ápice de sus características físicas, químicas o lo que más extraña, alquímicas (cortazariano sin pérdidas mujicalainezista, lampedusiano, conradista).
- Toma forma de lo que lo ocupa como estos líquidos recios, pero, sin embargo a veces el recipiente toma forma que se le antoja al continente lo que rechaza y rivaliza con otras muchas vesanias o falacias más del común (flaubertiano, bierceano).
- Tiene de gas o de vapor muchas cosas, a veces se calienta y no se vaporiza como un gas sino como un vapor y ocupa todo lo que puede.
- Otras ocasiones se constriñe en rincones ignorados, tremendista, en este punto también es niebla o humo o viento venal y venial. Llena de sentimiento y sale.
- Malo es cuando es gas o vapor burlón, sutil si se escapa a las gravedades y muy grave si se confunde consigo mismo en solo una fase (gibbsiana).
- El gas se entrevera, a veces, con el dolor ya que vive incardinado en el cardio, vive cercano al corazón de las pesadumbres y toca con su ala de libélula estragando y somatizándose en instantes centésimos (es algo leviniano o puede que garciamarqueño, un poco de bryceano, otro poco de cortazariano y una pizca sutil de benedettiano).
- El gas o el vapor tiene esa potencía de rebeldía en fugacidad constante o, también, en tenue y falsario compromiso de adoptar la forma que no quiere, en el primer caso es brechtiana, en el segundo es de escritorzuelo de premio de abarrote. En todo término es borgiano por la inoportunidad sorprendente de su movimiento.
- Es fuego, una carne vaga, dulzona y adusta al tacto de los dientes: tolstoiano o puede que nabokovista, quizás trumbista, también es de aire en vacuidad elemental e incertidumbre de equilibrista, es tierra en la simplicidad real de su procedimiento y a veces es agua en la lubricante y lúbrica realidad fluyente, eterna e índica tarea de su regocijo y solaz como vislumbre columbre de una Aldonza Lorenzo otra.
Todo esto amasado en cuerpo de mujer, en trémula y vibrante espalda, caliente y tersa de conjunción y cercanía, también en derecha y sonora risa, algunas veces en desencuentro y realidad mansa. Todo es este estado físico del mundo de la poesía. Mundo cruel y bárbaro. Todo esto que relato es el cuerpo físico que yo quiero. Una institución con columnatas impertérritas donde me gusta columpiarme niño y en el que en su frontispicio leo las verdades libantes y melifluas de la vida, mientras vivo ya danzando, ya llorando, un esprit de corps en clave de ritmo y de caja de cambios (solo a veces). Este cuerpo hecho de esa veleidosa y astuta materia se comporta en modos caravaggianos y dulces utópicos de sadismo sin tino.
- Un cuerpo que reta al tiempo, ese tiempo formado por infinitésimos tiempos, (rondando la imposibilidad pero nunca, wildiano, buscando la improbabilidad estadística o bayesiana: en resumen borgesiano). Ese cuerpo físico salta de los libros científicos, (algo houllebecquano) da si quitar, ni se combina ni se mantiene inerte e inerme como soltshenitsista. Es un corpúsculo físico que alimenta y se alimenta, se alza tremolando el horizonte de mi vista y se acaba en un instante. Ese cuerpo sencillo y complejísimo, azul y añil, siempre. Es el cuerpo lateral, huidizo y presente de la mujer que quiero.
El amor lee el Manifeste du Futurisme, en pro de una vida activa, peligrosa, nueva: " queremos exaltar el movimiento agresivo, el febril insomnio, el paso gimnástico, el salto peligroso, el bofetón y el desafío a las estrellas". Decía Marinettí en su sueño individual reflejado en la masa. Luego la masa sazonada con la razón brutal de la máquina la superól hasta llegar al último lugar raquídeo y asombrarnos y horrorizarnos por generaciones. El olor de las personas, el de la gente y el del genio daliniano - ibidem - se refleja en la roña o el fulgor de rutilo de la materia con forma muy dadivosa. Sade buscó el miedo, el placer, la herejía y el tañido del vendaval en tiempos de cambio, el amor recupera, a veces sin desviaciones, ese estallido bubónico. Otras veces se aposenta como mosca en día de verano tórrido.
Por eso dando un vaho beatífico, regalando una piedra herrumbrosa o invitando a un vino decimos, sin decir nada, pero contemplando este transcurrir apodíctico, pocas palabras y pocas definiciones: Te quiero.

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Un Comentario »
Que sensual el post, me encanto!