(340) Se acabó el champagne
La fiesta acabó el champán, las risas se ahogaron en el líquido elemento del glamour. Los grupillos conversando, otros bailando, algunos en tibias confidencias que prometían más, se quedaron sin champán. El whisky no es igual, ni, por supuesto, un refresco. En aquella fiesta, en la casa del empresario Roberto Bouser, el champan era la sopa social en la que poder celebrar los treinta y cinco años recién estrenados de su, también recién estrenada, mujer Syilvie.
Divertido continuaba hablando Bouser mientras el jefe de camareros, en un aparte, le comunicó la tragedia. El dueño de la casa hizo un gesto de contrariedad y miró, buscando complicidad y consejo en la anfritriona, a su mujer; que acababa de doblar una de las esquinas interiores de su inmensa casa de la mano de un amigo joven y desconocido.
Se miró reflejado en un espejo casi enfrente de su persona, y vio su despejada frente, su porte de empresario rico y esas actitudes ensoberbecidas de los que siempre han tenido dinero y, de esta manera, históricamente han estado llamado a los mejores lugares, las mejores cenas, los mejores champagnes rosáceos, ambarinos, transparentes. Excepto ahora que parecía haberse acabado como trasunto de la infidelidad sospechada.
Ordenó buscar más champán, mientras pensaba,cruzó con la mirada de dos o tres personas y se escabulló en una búsqueda nerviosa hacia las habitaciones.
Cuando se acercó a la habitación de invitados, tras haber recorrido algunos corredores y haber encontrado alguna prenda de su recién estrenada mujer, ya conocía la certeza. Cuando llegará la nueva remesa de champagne, casi nadie podría tomarlo: estaba a punto de cometer un asesinato.
En ese segundo en el reloj tampoco sabía Roberto Bouser que el asesinado no sería otro que él y que dentro de pocos días la viuda entre lágrimas, tomada por la mano del jóven ejecutivo que recién conoció, acudiría al entierro con un cheque millonario en su bolso. Un cheque destinado a alguien que jamás conoció y que nunca más volvería a ver.
Cuando el entierro del empresario muerto acaeció, el servicio que quedara en la casa se estaría bebiendo el champagne que sobró de la fiesta, de la vida y del tiempo. Las burbujas se llevaban consigo, a todo trapo, un momento de estática verdad y un millón de días de mentiras contenidas en ese espacio oblongo.
Detrás, muy detrás, como detrás de un cortinón de teatro, un chasquido se sucedía atemperado por la distancia y las habitaciones cerradas: el primero de los disparos mortales.

Meneame
del.icio.us
No hay Comentarios »