Un instante de aporía http://almadormida.nireblog.com Microcuentos, pensamientos, ideas y descalabros en este camino sin luz hacia Damasco. Fri, 26 Jun 2009 06:59:39 +0100 Un instante de aporía http://files.nireblog.com/blogs/almadormida/gravatar.gif http://almadormida.nireblog.com http://nireblog.com (365) Coche hacia el amanecer http://almadormida.nireblog.com/post/2009/06/26/365-coche-hacia-el-amanecer http://almadormida.nireblog.com/post/2009/06/26/365-coche-hacia-el-amanecer

Se abre la masa boscosa del horizonte y entre las nubes asoma el sol del día. Vano, real, etéreo, amanecedor.

El día amanece con los kilómetros de carretera reflejándose ligeramente en ese espejo imperfecto que es el alquitran desgastado, brillante, y algo pintado. La ventana deja entrar, por la rendija insobornable , de un frío de madrugada, de trassnoche, de tiempo que se gana al día y a la noche aunque el cuerpo se rebele.

Hoy es el día del resto de la vida, es el día donde aquellos augirios de muerte y de dolor se tenían que haber cumplido. La livertad, sin embargo, se ha manifestado como una flor, a veces, fétida, de un color sorprendentemente verde y fea pero exquisita en el aura queproyecta sobre los que le rodean. El futuro se viste con el anaranjado sonriente del amanecer.

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Fri, 26 Jun 2009 06:29:20 +0100
(364) Llorón http://almadormida.nireblog.com/post/2009/06/18/364-lloron http://almadormida.nireblog.com/post/2009/06/18/364-lloron

Cuando ella murió, se fue, siguió viviendo en otro lado, quizás otra dimensión, quizás la próxima esquina comenzó a llorar.

Fue un llanto torrencial de monzón, fue tormenta de verano, fue ciclón caribeño, fue huracán de sensaciones y lluvias saladas. Las lágrimas se secaron, los segundos de llanto pasaron y se convirtieron en meses pero el llanto seguía como un Guadiana esperando un brotar aquí o allí.

Siguió llorando lágrimas secas, rocas lunares del dolor que arañaban su lagrimal y su corazón antes tocado de ala de libélula. Siguió llorando aunque seguían levantándose, desayunando, trabajando, comiendo, dormiendo.

Un día volvió a brotar ese llanto pero ya no fue tormenta sino leve llovizna, que provenía de arriba, de abajo, de lado, movida por el viento desconocible del tiempo, de la situación, del mundo. Dable a la autocompasíon y al daño, el dolor se hizo caracola inmarcesible en su interior, caverna dentro de una cascada de agua sutil y sucia.

Seguía llorando, orvallo, txirimiri, lejano, con un rugido pulmonar, en las tardes de bombillas de poca potencia en otoños en calles estrechas de barrios populares. Gastó su llorar aquí y allá, dejando charquitos junto a las paredes, dentro de la bañera llena de agua, en un instante de lejanía entropica.

Siguió llorando y siguió llorando hasta el día en el que decidió dejar de llorar. En ese momento, se paró un instante y se quedó quieto. La gravedad y el puente hicieron el resto.

En ese momento otra persona comenzaba a llorar.

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Thu, 18 Jun 2009 05:44:41 +0100
(363) Miradas http://almadormida.nireblog.com/post/2009/06/15/363-miradas http://almadormida.nireblog.com/post/2009/06/15/363-miradas Se columbra entre los haces de Flickr la historia.
Enfrenta egos, verdades de vergüenza y el hielo picado de las almas abiertas.
El tiempo escuálido, encarnecido y atormentado en su asincronía.

El hoy fuera de su duque de Alba atmosférico de xenon y plástico.
Miro las fotos y me enorgullezco de estar, otras veces huiría a un campo de hierros y espinas, en alguna más tomaría un camino turbio cerca de la ruta 66. Al final, idas y venidas de espectador –persona.

Las aladas veleidades de este zeitgeist taciturno y aleatorio me duermen, me velan, me despiertan, me arañan. Son andamios elevados que sostienen cartelones cargados de un algo efímero pero muy vital.
Las personas lejana, vividas, vacía, personajes, cántaros sin agua dirigen su batir atajado de alas de álbatros por entre las barriadas temibles de la expansión, el pensamiento y la filia.
Es un tiempo de mucho dato, poco tiempo y menos gana.

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Mon, 15 Jun 2009 00:01:48 +0100
(362) Aquí, ahora http://almadormida.nireblog.com/post/2009/06/08/362-aqui-ahora http://almadormida.nireblog.com/post/2009/06/08/362-aqui-ahora

Pasa el tiempo y, de repente, ya me encuentro aquí.

La puerta está allí y aunque me duele un poco el costado, es más un recuerdo presente que un dolor real.

Difumino lo que veo y veo lo que no estoy mirando. La situación es extraña.

Sin embargo parece que este tiempo eterno del narrador en primera persona se acaba.

Pienso y miro, callo y escucho mi respiración lenta, quieta, tenue, escasa, silbante y percusionada de negros caballos al galope

Me voy escapando tranquilo y pienso de nuevo.

Queda poco y pienso: ¿tengo que temer?

Nunca hice a nadie daño, casi nunca me traicioné y cuando lo hice yo lo sufrí.

Me mantuve quieto y firme junto a lo justo. Me levante y mantuve la frente de cara al futuro sin el miedo que, ahora se manifiesta casi infantil.

Miro al presente y al pasado y, tranquilo, sospecho algo bonancible.

Nada he de temer, lo que encuentre o vea no habrá de ser perjudicial. Si así fuera se demostraría, ya lo sosprecho, que todo lo anterior es falso.

Me esperan conocidos, personas que me quisieron mucho y que yo seguí queriendo aun cuando se fueron.

Quizás hacer lo que se debe merece la pena, quizás no hacer lo que se piensa es una traición mayor que marcharse sin quererlo.

Quizás mantener la cabeza firme solo sirva para poder contar sin un miedo pánico, sin una desesperanza cinética y tremolante: cinco, cuatro, tres, dos, uno.

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Mon, 08 Jun 2009 05:47:42 +0100
(361) Champagne antidespedidas http://almadormida.nireblog.com/post/2009/06/03/361-champagne-antidespedidas http://almadormida.nireblog.com/post/2009/06/03/361-champagne-antidespedidas Cuando la noche es ya vieja para iniciar aventuras y demasiado joven para pensar un nuevo día pide una botella de Champagne.

Rico, rosa, caro, burbujeante, sonriente para tomarlo solo, en la habitación cara, lujosa, aséptica y sola. El champagne como la dovela eterna del arco celestial de la soledad ya cimentada. Atrás gritos de sal, lágrimas de roca, quejidos de viscera eviscerada, miedos de soledad con enuresis. Todo eso detrás.

Las llamadas no respondidas, los mensajes, el rondar sin ser visto, el odiar para amar para odiar para amar, el no comer y el sentirse desdichado por sentirse desdichado, aquella autocompasión y autocomplacencia, de meses han dejado paso a este entrar al hotel y esperar a la noche en soledad para, en lujo, en soledad, en crujido de sentirse solo esperar el céfiro de esa soledad agradable.

Quizás a la siguiente botella.

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Wed, 03 Jun 2009 18:48:15 +0100
(360) Láminas de pájaros http://almadormida.nireblog.com/post/2009/05/26/360-laminas-de-pajaros http://almadormida.nireblog.com/post/2009/05/26/360-laminas-de-pajaros Observo láminas de pájaros

Con todo su detalle vano de plumajes, tamaños y características

Su linneico nombre me lleva a pasados de oscuridad y negación.

Por eso prefiero el vuelo

a la plasmación cobarde del dibujo aterrado.

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Tue, 26 May 2009 04:31:46 +0100
(359) Yuri http://almadormida.nireblog.com/post/2009/05/19/359-yuri http://almadormida.nireblog.com/post/2009/05/19/359-yuri

Estaba cansado y deseaba ver a su familia pero sabía que no podría escaparse, le esperaban los mandatarios para hacerse una foto y alimentar la propaganda. El no era ajeno a todo eso, era miembro creyente y ferviente del partido. Terminaba de mirar por la ventana, antes de iniciar la caída controlada hacia la tierra cuando miró al horizonte negro y sin línea, el futuro.

La atmósfera grisácea y algo blanquecina, como una medusa sólida o como una niebla dnsa sería la lija tremenda que amenazaba con su calor su estancia tranquila pero apneica en el espacio. Yuri miraba al horizonte inexistente a la bellísima bola redonda azul, verde, roja, marrón.

Pensó durante un instante en la fatuidad de los afanes, luchas, tensiones que eran del día a día en aquella bola que se creía plana al andar sobre ella pero que solo era una gota de vida sorprendente en aquel océano azul lejano y desconocido.

Miró de nuevo a la tierra, giraba casi imperceptiblemente, miró al estático mundo de las estrellas lejanas. Pensó en las raices de los árbones, atadas a una tierra redonda y móvil, pensó en las ideas de los hombres claras y efectivas pero, al tiempo, matizables solo con huir de la tierra unos pocos miles de kilómetros.

¿Le verían desde la tierra?, el no cabe duda que echaba de menos ese lugar arbóreo, prosaico, terrenal y telúrico donde nació y salvo estas pocas horas seguiría estando toda su vida. Deseaba volver pero, al tiempo, el cosmonauta, deseaba estar en esa clarividencia de pensamiento, por un lado lo evidente de la tierra, con su matiz inexpugnable en la altura, y por otro el horizonte que no parecía tener ley, ni Dios, ni ideología ni siquiera tiempo.

En pocos minutos comenzaría la maniobra de entrada a la atmósfera, la radio, cuyo chisporroteo instantáneo solo había callado apenas esos dos minutos de tranquilidad. Volvía a la realidad linear de la curvilinea tierra.

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Tue, 19 May 2009 18:08:14 +0100
(358) La llave gris y vieja http://almadormida.nireblog.com/post/2009/05/10/358-la-llave-gris-y-vieja http://almadormida.nireblog.com/post/2009/05/10/358-la-llave-gris-y-vieja

Necesito romper esa llave, fris, vieja, desgastada, perenne, contundente. Es un hecho físico de la estancia que se hace, a ratos, impredecible y, otras veces se viste con el alambtre de espino de la angustia. De ese esperar lo terrible para, al final y al punto, convertirse tanto en realidad que realimenta el maldito vórtice de nuevo. Soy un pequeño especialista en estos pequeños dolores de vidrio en la boca. No los añoro, no los recuerdo, simplemente están ahí como una fractura los días de lluvia.

Espero volver a sentir franco y libre sin esta atadura que me lleva, me arrastra y es áncora en mar embravecida, me roba la fuerza, la vida, el tiempo, el año.

Quiero gastar la vida en asuntos, vivir en afanes, conseguir o perder sin miedo, andar y cansarme para evitar este absurdo mundo donde el instante siguiente parece un espejo de esos laberintos antiguos de espejos transparentes con los que siempre te topabas de narices.

Quiero romper ese juego terrible, consolidado, cuajado como huevo roto en huevera de cartón amarillo, quiero ser libre, quiero pensar libre, quiero afrontar el mundo de otra manera, sin ese tufillo verdoso del miedo, de la angustia, del deterioro temprano.

Quiero leer sin que la prisa me pueda, quiero hacer sin que la obsesión se pose, quiero andar sin ser una espina para los que me rodean, quiero no sentirme un cuchillo, un punzón, un mazo. Quiero mirarme al espejo y no encontrar la carcasa externa de un enemigo, que es lo más cercano que tengo a rodearlo y sitiarlo. Quiero vivir, porque esto es solo un intermedio entre otros hechos, otras circunstancias, una perdida de tiempo sin mas.

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Sun, 10 May 2009 07:48:15 +0100
(357) El cónsul-diplomata http://almadormida.nireblog.com/post/2009/05/03/357-el-consul-diplomata http://almadormida.nireblog.com/post/2009/05/03/357-el-consul-diplomata El señor Cónsul, aparecería en escasos minutos, ya habían dado las cinco de la tarde. Miraba embutido en mi tuxedo de "representante de asuntos", mi dulce relevo. La situación de negocios en la región era tal que el embajador había solicitado un cónsul "de carrera" para gestionar los asuntos de "mis" nacionales.
El bar del hotel "Spleendor" era amplio y con un aire de años setenta. De ese tiempo cuando el neocolonialismo de mercenarios y dineros de compañías interesadas en depredar el bosque campaban, y así había quedado en sus butacas de cuero, sus sofas de cuero, sus taburetes altos de skay, los camareros vestidos como croupiers y esa sensación algo fétida de estar en el lugar donde se cocieron algunos de los golpes de estado y, puede que alguna de las desapariciones de periodistas o políticos. En la misma puerta del "Spleendor" secuestraron a un agregado cultural francés que nunca apareció, el gobierno francés tampoco lo reclamó. Yo viví casi mis primeros tres años en el Hotel con lo que conocía su geografía casi como el dueño, un libanés orondo y cristiano que me era tan antipático como simpático le era yo. El cónsul venía con instrucciones precisas del embajador y, supongo, que junto a mi relevo, tendría una lista de tareas a realizar. Dos de las mayores empresas petroleras y una de exploración farmageográfica me habían manifestado su interés por lograr mayores contactos políticos y sociales en la zona. Asentía mientras me guardaba su cheque de banco solvente y revisaba mi lista de contactos y evaluaba hacia que dirección se dirigiría el cambio (quizás era solo un Lampedusa camuflado).

El Cónsul se retrasaba mientras yo terminaba un whisky intempestivo, se cruzó un agregado inglés con el que habiamos tratado, unas veces de nuestro lado, otra del lado de los guerrilleros, la liberación de Galdolfi. - Usted debe ser... Oi un instante, y vi al patricio joven que se me acercaba, en ese momento "un local sacando una pistola avanzó hacia el cónsul in pectore y le disparó no menos de cuatro veces". Dijeron los periódicos en la metrópoli. El muchacho disparó y se marchó corriendo por la cocina del hotel, nunca se supo nada de él. Otra vez que quieran relevarme, deberían consultarlo antes conmigo.

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Sun, 03 May 2009 21:04:57 +0100
(356) De repente, luminoso http://almadormida.nireblog.com/post/2009/04/30/356-de-repente-luminoso http://almadormida.nireblog.com/post/2009/04/30/356-de-repente-luminoso

El día abre y amenaza lluvia y luz. Los primeros rayos del sol, difuminados en un horizonte bidimiensional y en un cielo monocorde parecen indicar que el día será tan grís como los tres anteriores, lluvioso a ratos, como los últimos, fríos y desangelados como la última media semana.

El vagón de metro todavía siente ese frescor de primera mañana o el olvido de la más ultimísima noche. Solo unos pocos, sentados, llenan el tren que lleva al día laboral. El traquetreo algo musical, exótico, pero desagradable mece y recuerda sinestésico el calor cónvexo de la cama.

Miro hacia el horizonte cercado por la ventana del vagón, a mi espalda otra abertura simétrica. La oscuridad algo sucia del exterior se mezcla con el reflejo de mi imagen a primera hora en el vidrio: corbata, camisa, chaqueta, libro, peinado y afeitado. Un cliché demasiado cercano como para no esconder la caverna que lleva dentro, detrás el túnel, cables, bandejas, hormigones y pinturas dan a entender lo que todos sabemos: lo de fuera es siempre más oscuro, más previsible, más árido, más deleznable, más pornográfico y abyecto.

Para aquí, allí, otra estación, otra, extemporáneo, perentorio. Molesta entrada y salida de gentes como yo, aburridos burócratas con tendencias clase media y problemas totalmente predecibles y clónicos casi como un tunel dentro de nosotros mismos, que estamos en otro tunel. Las paradas son el anticlimax de la velocidad del tren, del llegar a donde vamos, a donde deseamos, a donde desearíamos. Toda esta sinfonía afónica de pensamientos prendidos de una cuerda es solo un sueño, o entre sueño, visto o entrevisto en los espejismos de la primera mañana.

Miró el reloj, temprano, hoy el trayecto se ha hecho más ágil, más rápido. Me levanto temprano, salgo temprano, ando lentamente intentando dar una falsa imagen de tranquilidad y control cuando solo es un robo a ese tiempo que como grano de arena en reloj se escapa y me cae encima, ahora ya convertido en roca. Veo en el reflejo sutil y desvaído del cristal de enfrente, surcado de marcos, manchas y graffitis, esa roca que está a punto de aplastarme y, lo que es peor, de despeinarme.

De repente, el susto, el frenazo, el respingo, la interjección, la sorpresa, el golpe, el asirse en equilibrio a las barras, el murmullo y el chirrío. Un guiño, mesías, de las luces y un ruido diferente de motor anuncian un “algo” anómalo y diferente en la grisedad de cada mañana adormecida. A lo lejos gritos apagándose, ruidos desconocidos, sueño... y miedo. También aburrimiento y desidia resonando como en una campana donde la piel, la campana, es tan gruega que no deja trasladar casi nada del espacio externo.

Miedo mezclado con sueño, el miedo ante el ataque terrorista, la locura individual, la amenaza presente en ese reloj de gigante de Brobdingnag, llamado metro, que nos esconde a nosotros. Gritos y más gritos y la insoportable sensación de perder el tiempo en el metro. El lugar que solo es transición entre otros. Quizás como si fuera un purgatorio pequeñito, como si solo fuera el crepitar último previo a una muerte desconocida, un tiempo sin sentido y sin destino.

Intento mirar hacia delante, no se que pasa, algunos se sorprenden, otros se asustan, otros miran el espacio claustrofóbico del vagón como si treinta segundos antes fuera una pradera abierta. No se que pasa, vivo sin saber que pasa. Espero. Y me percato de que paso la vida esperando, esperando y planeando, esperando que se den las circunstancias de planear. Planeando las esperas para llegar a planear. Esperando la esperanza de poder planear por el aire. En resumen, peinado y dentro de un reloj parado y con la intranquilidad del tiempo perdido y la certeza fatalista de que algo ocurre y que yo no debería ni querría estar allí.

Pasan cinco minutos, la megafonía, sorda, justa, confusa, oscura, indica en la voz del conductor: “Por causa de accidente, el servicio no se presta con normalidad y se encuentra detenido por un espacio de, al menos, quince minutos”. Miradas a los relojes, resoplidos y misterios, cuentas interiores y exteriores y algún que otro exabrupto semisordo que añadir al pentagrama de puertas, personas, vías, traviesas y túnel.

No se nada, sigo sin saber nada, sin querer saber nada, sigo reflejándome en el espejo falso de enfrente, sigo viéndome alejándome sin moverme como si yo mismo fuera aquel pasado, del pasado lejano, del pasado instantáneo, del pasado de hace cinco minutos que se escapa en sentido contrario apoyado en los balastos de la vía.

Un pasado de banda sonora pero que se manifiesta solo con el chisporroteo tropical de la aguja sobre aquellos viejos vinilos cuando acababan. Es el silencio morigerado del túnel, de su oscuridad sucia que representan una realidad de hierro, la voluntad de no querer estar sino tener que estar como viático imprescindible para “estar” en otro lugar, una quimera, un lugar santo o legendario, una realidad repetida cada mañana del reloj.

Un nuevo mensaje, alguna histeria, alguien, pretencioso y maximalista, que amenaza con bajarse en el túnel. De repente, aparece tras de mi reflejo en el falso espejo. una cara que aparece primigénica, aporética, epifánica, esdrújula: otro espejismo torpe hecho de aburrimiento y sueño.

Me levanto de mi asiento de plástico limpiado y lijado por culos de aburridos como yo. Dejo de ver espejismos y miro el reloj, sin causa, no tengo prisa.

El tren intenta moverse, suspiros de alivio, miradas al reloj como si ese rato hubiéramos estado detenidos también en el tiempo. Tras un par de intentos arranca. Entramos al andén, lejano pero solo a treinta metros de ña detención forzada, su luz y sus ruidos se entreveían en escorzo por las ventanas e, incluso, quien hubiera tenido interés hubiera escuchado la noticia que luego escuchamos: Un suicidio.

Me sorprendió lo banal, lo absurdo, lo improductivo para mi de ese momento, aquel “de repente” imprevisto solo se había convertido en un suicidio como si la vida del día a día con su marrón y gris mortecino y viscoso no ameritara un cambio de dimensión. O quizás como este inicio del apocalipsis que se manifestó en esta masa de tiempo y espera mereciera un regurgitar de lava y fumarola, en un crepitar de almas de condenados, en un desencadenarse de batallas de ángeles y demonios. Fue simplemente un suicidio: un desinscribirse, un desconectar la luz, un marcharse.

Salgo mirando al reloj, casi por simulación, por simpatía, por contextualizarme. Oigo los resultados, Comentan en grupitos, en personas, en marcharse, en quedarse, en investigación improcedente e improductiva. Se difumina.

Obvio interpretar, interpretarme en ese papel. Ignoro el porqué, las causas, las consecuencias, las penas y las lástimas o, quizás, el desencanto, descanso y alivio de algunos. Salgo tan pronto puedo del vagón y, andando,o quizás andurreando, tomo pulso, en conversaciones perdidas y nerviosas, de lo sucedido mientras las autoridades, algunas, pocas, identificadas, ya han tomado parte y actuación en el extremo más lejano a mi.

“La chica bajó al andén, se puso de espaldas a la vía y esperó con los ojos cerrados que llegará el tren que ya se veía, fue terrible. La lanzó diez metros hacia delante como una muñeca rota, ensangrentada pero respirando”.

Pasaba entre los viandantes-reporteros y me encaminaba hacia la puerta. Un sintagma hecho de manecillas de reloj, una vida que seguía tras ese minuto. Sin embargo paré un instante, recapitulé, revisé mi chaqueta, mi cartera, mi pelo, reflejado en las vitrinas de cristal de la olvidada estación, y continué andando hacía el hoy.

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Thu, 30 Apr 2009 19:33:56 +0100
(355) Golondrinas que hacen verano http://almadormida.nireblog.com/post/2009/04/26/355-golondrinas-que-hacen-verano http://almadormida.nireblog.com/post/2009/04/26/355-golondrinas-que-hacen-verano

Se alejaba, quizás esperando esa última oportunidad, ese grito, esa sorpresa. Su relación estaba tan muerta como este verano que se entreveraba de aires fríos.

Ella continuó esperando esos pasos apresurados, ese asirle y buscar una solución. En su bolso sonaba como una excomunión el tarro casi vacio de ansiolíticos,

El parque del retiro de Madrid empezaba a pintarse con los añiles tardíos, bermellones y violetas del atardecer cuando ella se dirigía a la puerta. Caminaba con más lentitud de la requerida junto a la valla que delimita el estanque vacío y enfrente de ese monumento ostentoso y demodé a Alfonso XIII en el que retumbaba algún tambor africano aún. Detrás aparecían caídas en un suelo limpio, ilusiones marchitas, esperanzas de futuro en un país extranjero, y dolores y ausencias, muchas ausencias grises de color ámbar y amarillo. Marchándose recordaba dolorida aquellas ausencias gigantes que como en un queso de Gruyere imaginario y absurdo habían acabado por ocupar toda una porción de su vida.

El quedó en el kiosko en la esquina del estanque del retiro, sentado, pensando, rascándose la cabeza, arrepintiéndose sin contrición de su no estar, de sus deslealtades, de sus traiciones en el palmo recoleto de la relación, de la tristeza de nunca dejar de estar triste. Miraba la tarde muriendo y, al tiempo, la marcha de quien fue su compañera por más de diez años, de exilio, de lucha, de penurias, de alegrías pero sobre todo de superación. Todo ese pasado fue rebasada por la frase espetada que repetida marcaba un tiempo de metrónomo nuevo pero arduo.

  • Esto acabó, Leo.

Ahí acabó, sin la pasión de los reproches ni la duda de la razón. Sin el tiempo de las reconvenciones, cambios de normas o esa especie de resaca terrible de chocolate recalentado que son las segundas oportunidades. El fin de un amor atlántico y pacífico que se había quedado sin inclusas que lo contuviera y sin noches estrelladas donde imaginar otro mundo, en otras latitudes más amigas. Quizás otras circunstancias en otro momento hubiera tenido otro resultado. Pero también hubieran sido otras personas y, probablemente otro el escritor y otro el cuento.

Ella se fue, el apuró el refresco ya bebido y, casi como dando naturaleza a la separación cardinal se marchó paseando hacia la estatua del ángel caído. Metáfora y epítome de una situación real, sus sueños se cayeron, su vida se tambaleaba en la fría y madrastra patria España.

Ella lloraría días y noches, querría cambiar de trabajo, lo conseguiría, y al final desaparecería como en un cuento no ocurrido. El intentaría no coincidir en la casa que aún compartían, abandonar ese hogar mercenario y caro en un barrio dativo, barato y emigrante para comenzar una nueva vida en un nuevo barrio dativo, ajeno y emigrante. En su piel todavía restañaban sutiles de tiempo la luminosidad terrible de las heridas de una dictadura no olvidada, quizás solo escondida tras los kilómetros de una emigración obligada, una separación forzosa y una extranjería sobrevenida.

El nácar de las pieles, el jade mezclado con los aceites de la superficie de contacto entre ambos, el dulzón acento y el pelo negro quedaba varado como esas barcas de bajura del estanque a sus espaldas. Los surcos centeniales de la vida y las dudas, miedos, respetos, sorpresas y alegrías quedarían detrás sin dejar de estar presente ni un instante del metrónomo marcado por “Esto acabó, Leo” y como escritas en un libro de cuero, tiempo y relojes.

Comenzaba una nueva vida mientras el día y el verano acababan. Las gaviotas y las cigüeñas ya anhelaban otros nidos y otros tejados lejos de la ciudad.

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Sun, 26 Apr 2009 08:43:16 +0100
(354) Poesías en otra tierra de letras http://almadormida.nireblog.com/post/2009/04/21/354-poesias-en-otra-tierra-de-letras http://almadormida.nireblog.com/post/2009/04/21/354-poesias-en-otra-tierra-de-letras http://almadormida.blogspot.com/2005/10/la-historia-del-taf.html

http://almadormida.blogspot.com/2005/10/desmond-abarra-viva-como-comento-en-la.html

http://almadormida.blogspot.com/2005/10/desmond-abarra-el-desencanto-la-locura.html

http://almadormida.blogspot.com/2005/10/chindogu.html

http://almadormida.blogspot.com/2005/10/escuchando-corazones.html

http://almadormida.blogspot.com/2005/10/gradacin-de-poetas.html

http://almadormida.blogspot.com/2005/11/captulo-3-las-causas.html

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Tue, 21 Apr 2009 19:55:07 +0100
(353) La geografía de Almadormida http://almadormida.nireblog.com/post/2009/04/17/353-la-geografia-de-almadormida http://almadormida.nireblog.com/post/2009/04/17/353-la-geografia-de-almadormida La región de Almadormida con sus sueños y leyendas, maldiciones y muertes secas no es solo Aparicio, el núcleo finisecular, y la tierra boscosa de Hería sino otros muchos pueblos más que conforman ese lugar de vistimas y victimarios pero mirando a un futo que fue ayer.

No se si es una tierra maldita donde el invierno pasó más de una vez al año o el grafor del verano secó seseras e hizo aspavientos, pero al pisar estas tierras, que rugen en su rozar como dragones se siente un algo diferente.

Una tierra amplia, cercana, fría y caliente, triste y alegre de vino que, sin embargo tuvo su sombra, una sombra de mil años que comenzó hace apenas cincuenta.

Otros pueblos de la comarca, del malpaís, tan castellanos como Aparicio o Hería, tan olvidados por políticos y poderosos como acordados del viento, de la emigración a la carrera y del daño, siguen escondidos y presentes per sin esa sombra palpitante y malévola de gris zinc que se desliza hasta el hoy.

Recuerda mi mente aquellos nombres perdidos de pedanías, aldeitas y publicos que llenaban cada cuanto la llanura y la sierra silbante: Adiós del rio, junto al río mestas, Aguasmestas, En la montaña junto al nacimiento del río mestas y casi enfrente de Hería, Boltoya, en el confín último de la provincia, Cuclillas, siempre envidiosa, aún hoy, y siempre patética en su pensares sobre Aparicio. Merindades de Castilla, con su pequeño castillo del Barón-hermano de Aparicio, con sus imágenes de Teocantor y su música silbante por las calles como órgano de iglesia.

Malpartida, la siguiente cabeza de partido de la región, fuera de Almadormida pero referente para algunos almientes, gentilicio de los de Almadormid, los que quedaron y los que se fueron.

Recuerdo camino de Boltoya, a Peleas el pueblo pequeño de campesinos, camineros y borrachines que contaba sus fiestas por muertos o por escándalos. Vistilo, aquel pueblo de reminiscencias godas, ya desaparecido, ya solo ruina e iglesia desconsagrada, ya solo Rido, el viento, y tristeza. De ahí se oyó llegar algunas de las tristezas que como ríos rebotaban en las copas de los árboles que subían hasta Hería.

Todos estos pueblos ahora la mayoría apenas guijarros y sillares baldíos fueron, a comienzo del siglo XX, una red de personas y caminos, de sentimientos y de vidas que hicieron a Almadormida una región singular, quizás por eso, quizás por el pasado, quizás por lo que ocurrió, puede que simplemente porque se mezclan en mi cabeza la leyenda, el misterio y los sueños de niño.

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Fri, 17 Apr 2009 18:12:27 +0100
(352) El explorador http://almadormida.nireblog.com/post/2009/04/12/352-el-explorador http://almadormida.nireblog.com/post/2009/04/12/352-el-explorador Decidí abandonarme en una columna en un desierto y, al tiempo, deambular por los campos y páramos inmensos de tu mundo recoleto.

Anduve por pequeñas montañas, collados húmedos y frágiles, flexibles y eternos mientras un grito, un suspiro o un estremecimiento de terremoto me dejaba verte allí arriba, en un cielo en el que siempre has estado.

Miré la blandura de tus senos, el universo claro de tu vientre creador, tus piernas que dejaban ver un secreto, un secreto digno de los mejores Livingstones.

Mientras auscultaba, revisaba, tu mundo más interno, otro nuevo se acercaba a mi, quizás con los olores de la selva, de la montaña, de la urbanizada Europa, de la lejana Asia. Un olor de vida y muerte, tiempo y vida, jugos, licores y sensaciones. Un lugar donde el tiempo tenía consistencía. La consistencia melosa y untuosa de una caricia verdadera.

Era un camino, un demiúrgico volver al brillo rutilar, una sensación de dar para recibir multiplicado por millones porque el dar era un denunciar sencillo, oral, amable, cariñoso y el devolver era filosófico, atemporal, clarividente, egregio. Andaba el camino con presteza de arriero, con tozudez de herrero, con fe de carbonero, con decisión de asesino.

Seguí buscando en estas lomas, en esas vaguadas, en aquellos escarpes, en esos otros pasos, precipicios o durmientes leones. Intentaba hallar el llanto, la vida y el canto de la primera mujer. Seguí buscando, a desprecio de un egoísmo egoísta, el oro sin duda del camino al Olimpo, el tuyo.

Tras la travesía por jardines, por orondos y frondosos campos de naranja, por salados manantiales de agua pura, por rugosos y dulces campos de amapolas o margaritas, por sensaciones de tiempo y de vida llegué a aquel vergel, al lugar último de la pequeña muerte, de la gran vida. Arribé con el ánimo de un Aladino ladrón a la puerta del tesoro que se me abría. Vislumbrando oscuro un mundo con música, tiaras  doradas por doquier y pifanos rugientes, durmientes y sibilantes. Un barroco mercado árabe me daba la bienvenida, una inteligente espesura de tiempos y datos, un mundo curvado como visto desde un barco, un tiempo que se vivía elongado en cada segundo. Un abanico de amanecer que se me abría frente a los ojos con inoculandome un sentimiento de ignorancia suprema, de oscuridad medieval y de historicismo trascendente, que no por repetido dejaba de serlo.

Cuando acabé y volví a la terneza prosaica del cuerpo a cuerpo, cuando regresé sin cansancio de ese viaje de mil millas y mil humores, miré de nuevo su cara, miré su gesto ya no tenso ó sorprendido ó relajado sino consciente. Consciente de haber mirado en el centro del mundo, de conocer un futuro y un pasado, sabedora de estar en posesión de bastantes claves: habiendo visto a un Dios, del que los demás nos atrevemos a dudar, viendo el tiempo, asomçandome al abismo insondable, lejanisimo en su brumar de rompeolassin tiempo. En ese momento, dubitante y miedoso quizás, queriéndome atribuir algún derecho, quizás me atrevería a preguntarla sobre lo que ha visto en ese gran Aleph....sin embargo no me atrevo, necesito muchos más méritos de viajero.

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Sun, 12 Apr 2009 19:27:32 +0100
(351) Ordeno fotos antiguas http://almadormida.nireblog.com/post/2009/04/02/351-ordeno-fotos-antiguas http://almadormida.nireblog.com/post/2009/04/02/351-ordeno-fotos-antiguas

Selecciono, busco y ordeno

Como encontrando una clave para el pasado,

como encontrando la dovela de la arquitectura del universo

Busco, ordeno y compongo

Entresaco de la nube del pasado y construyo.

Constructo de melancolía, nostalgia y tiempo

Construyo un pasado que ya lo es ¡y mucho!, bidimensional, olvidado en algunos extremos.

Selecciones para mi memoria, retazos del pasado en forma de fotos pendientes de decir aquello, escondiendo tras un gesto lo otro, anudándosenos en el cuello como una serpiente no virginal.

Es el tiempo de organizar las fotos, quizás de intentar reescribir la vida, siempre de revisitarla con un ánimo no tan lúgubre como de constumbre.

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Thu, 02 Apr 2009 18:53:06 +0100
(350) El Almacén http://almadormida.nireblog.com/post/2009/03/25/350-el-almacen http://almadormida.nireblog.com/post/2009/03/25/350-el-almacen

El almacén está vacío, bueno, vacío si no contamos, los guardas. El guarda de la otra puerta, Pedro Saig, y yo mismo. Somos los únicos que vigilan este almacén de objetos antiguos, olvidados, viejos, caducos pero cuidadosamente inventariados. Es este ,quizás, el trabajo más sencillo y aburrido del mundo: doce horas diarias en una garita donde vemos pasar el tiempo rojizo, azul y gris de la última tarde, a través de una ventana, Una monotonía sentada que solo es rota por las rondas de cada hora, y, también por el nacimiento argentado del día, frío, nuevo, exuberante que se adivina de claridades vicarias desde una silla gastada.

El almacén, calle héroes de Baler sin número del Polígono Industrial de Castro, pertenece a la cadena de comercios “La Suprema”, tiendas y supermercados con un sabor suficiente y antañón que, sin embargo y bajo esa fachada amigable, esconde un fondo de inversión norteamericano que busca un poco menos de gasto y bastante más de beneficio en cada gestión. Andrés, Andrés López Chercoles, el tercero de los vigilantes se quedó en la última reducción de costes. Ahora solo quedamos en la puerta 1, yo, Juan Esquivel, y en la puerta 2, la que da a la calle de detrás, aunque en este polígono perdido todo es una calle de atrás, mi compañero de las noches Pedro Sasig que pasa las horas muertas ora dormido, ora durmiendo.

La “Suprema” guarda, no se sabe bien porqué, todos estos maniquíes antiguos, cartelones, y carteles de promoción de campañas pasadas, algunos grandes cajones de madera,plástico y metal variado que guardarán mercaderías ya olvidadas y anaqueles, perchas, estantes, percheros y toda la parafernalia del negocio. Según en algún momento hemos oído parece que quieren hacer un museo sobre “La Suprema”. Estos rumores que nos dan nueva utilidad afloran en los momentos de más tensión por la eliminación anunciada de este almacén de lo inútil y la reagrupación de todos los materiales en el almacén gigante, corporativo, de Groundía. Ese gusto, el del coleccionismo, y solo ese gusto es lo que hace que yo pasé las noches paseando entre maniquíes desnudos, algunos amontonados, otros rotos o a punto de romperse, todos congelados en poses eróticas o de escorzo, todos esperando una moda que los lleve a la realidad del escaparate, todos mostrando unas caras, unos rostros casi siempre centroeuropeos, casi siempre jóvenes, pero olvidados y detenidos.

Este trabajo es bueno, permite leer casi cada instante, la noche da pocos sustos, la tranquilidad es mucha y, lo que no es poca cosa, no se hace nada, absolutamente nada. Si acaso, y cada mes, un recuento, por encima, de lo más importante entre lo inventariado y eso es todo. Mi escaso interés por prosperar, en el trabajo, en la empresa, en la vida y la oportunidad de un lugar así, que es como estar en una cárcel en las Bahamas, me hizo decidirme frente a otros destinos de más salario y emoción. Quizás que el futuro me haya devuelto en réditos irrisorios y pírricos todas mis olusiones volcadas me convencieron de este ostracismo de la vida y de mi mismo que ahora mismo veo por el ventanal aquí sentado.

Durante la noche los maniquíes representan, a veces, pequeñas historias en mi imaginación nocturnal y algo envenenada de sueño. En ocasiones, las damas distantes de maquillaje impoluto son aquellas prostitutas que atisbo a velocidad desde mi vehículo a mi llegada al trabajo. Los maniquies masculinos son quellos hombres cercanos y amenazadores en su masculinidad castrada pero no olvidada que amenazan mi situación de policía dinámico en ese mundo de espejismo y estatismo. Un niño parece gritar, es solo la lejana carretera que chirría, y en ese instante un niño maniquí parece querer venir hacía mi para pedirme que defienda a su madre, aquella, lejana, pintada, desnuda.

Otros días juego, con mi mente, a correr entre las cajas y simular calles y callejones donde, detrás de cada una puede aparecer un enemigo, un amigo, un amor en forma de esos maniquíes sin cara, sin rostro sin personalidad y humanidad. Por desgracia siempre he de mirar al mismo sitio, a la montaña de cabezas, brazos, troncos y piernas clínicos para ver, en el eco sordo de la noche, algo parecido a un ser humano. Al otro lado del largo corredor, Sasig rumia su sueño o su espera ignorando o no atendiendo a mis sueños de delirio..

Estas son mis noches, lecturas, paseos, fichajes en los puntos determinados a las horas fijadas y vuelta a empezar. Imaginación, soledad, silencio y mucho, mucho tiempo. A veces pienso que no es nada más que una cárcel inmensa donde todos se mueven lentamente, tan lentamente que en mi paroxismo nervioso parece estáticos, ¿o quizás extáticos?. Soy raro entre ellos, soy raro también entre el mundo, solo dejo de ser raro cuando vuelo, como voluta de humo, entre las partituras y particellas de la vida, perdiéndome adrede, dejando pasar el tiempo adusto y tranquilo, acuchillándome con las manecillas del reloj, esperando que el gran ruido interior se apacigüe por ignaro método osmótico por el silencio y el aburrimiento de arenisca del exterior.

Cuando salgo de aquí, a las ocho de la mañana, la ciudad amanece activa, parece que los maniquíes dormidos de la noche se comienzan a mover mientras yo, dormido y cansado busco quedarme quieto; quizás esperado en un sueño otro guardia aburrido, lector y misántropo que me vigile, quizás esperando en el volar en el globo sin timón del sueño un gobernalle que no tengo en mi vida. Puede que los mismos maniquíes que yo vigilosean ahora madres con niños camino de colegio, abogados o notarios abriendo el despacho, farmacéuticos preparando magistrales. Si no fuera porque su desnudez tapa cualquier atisbo de personalidad podría incluso reconocerlos andando por la calle, pero el sueño no me deja.

Miro al techo, cielo finito conocido, veo las vigas arriostras, los ángulos y los perfiles superpuestos en trapecio conocido y memorizado. Veo la lejanía de la pared y la garita de Sasig a cincuenta metros, y veo los bultos, los pasillos, las letras, los números en un orden cardinal y ordinal que hacen parecer un campamento. Un campamento de desorden ordenado en la tierra del olvido memorioso. Yo soy el guardián de este desastre ordenado, soy quizás el último de mi especie, el brujo sencillo de la vida quieta, el Caronte descerebrado que anhela mojarse los pies. Mi andar choca con los atrabiliarios objetos que porto: el walkie talkie en su funda, las esposas, la pistola, algunas balas en canana y un par o dos de cajitas que no contienen nada pero, por su prestancia y aparente solemnidad, podrían haber contenido mucho.

Los días pasan, los libros, algunos de ellos masticados entre sueños, se suceden con la radio de madrugada, éter del efluvio de la noche y los nocturnos, secta insomne que se pregunta por la justicia y el mundo. Otras veces por la pereza sin más y otra, alguna otra ocasión, me da por mirarme en el reflejo sutil y escaso de la garita ante la noche lejana y cerrada por la puerta de la nave. El ruido, entonces, me molesta y dejo al cricri, frufru, y ulular del viento entre las chimeneas cercanas , las fachadas y los aspavientos del aire en las esquinas de geometría euclidiana, que me diga, que me cuente, que me asuste, que me evoque amenazas o, quizás, sueños de noches de verano, todo ello con el fantasma de mi mismo, de mi propia vaciedad o estatismo, con el reloj impertérrito y rápido del tiempo quemando la mecha de mi vida, hasta el próximo minuto, el próximo turno, la próxima vida. Es la sinfonía acertada de las fábricas dispersas en los arrabales lentos de las ciudades, un bodegón de inutilidades y soledades en mitad de una noche que no para.

El uniforme azul, gastado, dando una cuidada sensación de orden paramilitar con trasuntos baratos de alamares y oropeles no puede esconder la cara regordeta y perdida en calvicie de mis casi cuarenta años, de mi escasez de futuro, de mi tiempo perdido, de mi necesidad de esconderme, de mi mismo dentro de mi mismo. Solo los ruidos, música asíncrona de la noche y la vida, me despierta de un pensamiento que de espiral acaba sumiéndome en la tristeza profunda. Algunos días, entre los brazos amigos de los maniquíes he llorado una desgracia teatrera y sentida que me ha dejado cansado, más aún, y con el turno más ajado aún. Luego me he llamado a mi mismo cobarde y me insultado delante del azogue de juez instructor del espejo del baño mientras me afeito. Es baldío, sigo siendo yo, la vida sigue siendo la misma y el tiempo, agotándose, se parece a ayer como dos gotas de agua.

En alguna ocasión alguien ha intentado entrar, ladrones, aprovechados, arrebatadores, apenas unos pocos ruidos o una señal de alarma simulada les para. Quisiera haber tenido que enfrentarme a ellos, con el arma, con la porra, con la vida o con el cuerpo. Ese heroísmo de palangana daría algo de sentido a este esperar un día que, solo es sueño perdido y necesidad de comenzar la noche oscura de nuevo. La pistola quizás esperaría este fascinante advenimiento de la vida real y activa pero la verdad es que ella, la pistola, y yo seguimos tan encerrados como ayer o como estaremos mañana.

Otras veces miro con suficiencia y sorpresa la pistola, una vez incluso tras una llantina de esas sin comienzo ni final, acerté a introducirme su vástago viril en mi boca. Ni para eso tuve arrojo, me atraganté y anduve un rato tosiendo en lo que había de haber sido un suicidio a lo Larra. Se quedó en algo sin ningún honor y con bastante vergüenza, lo recordaría mientras me recortaba la barba puntiaguda del día siguiente, una tristeza, un rictus de aspaviento y respingo me devolvió a la tristeza de una vida triste.

Otra ocasión fui sorprendido por Sasig con una peluca de Marilyn bailando al son de la radio lejana. Intenté excusarme pero el ecuatoriano solo me dijo: la noche es muy larga y el aburrimiento muy corto. Me sonó a algo parecido a la canción de Neruda pero en versión suburbio de una gran ciudad, oficio absurdo y guardesía inmerecible, pero tenía razón, su sanchopancismo del vive y deja vivir, la comisura de su cuerpo de jade y madera decía verdad pura.. Sin embargo no abundé en esa idea que era manantial, pasamos el renglón, ¿Cuantas veces había sorprendido a Pedro Sasig masturbándose, cantando a voz quebrada y llanto a moco tendido canciones andinas o bebiendo su tristeza emigrante en la garita de su parte del mundo parado?. Incluso una vez observé oculto entre los cajones todo el acto obsceno y dulzón de la masturbación con la mirada fija del francotirador y del que pierde el tiempo y del francotirador. Me gustó, no tanto el ser espectador de lo íntimo como entender lo íntimo, lo defectivo, lo débil en la situación del otro y no en la otredad conocida de mi solipsismo.

La vida entre el trópico de cáncer mío y el de capricornio de Sasig pasaba por un lugar desconocido e ignoto: las grandes y cerradísimas jaulas para transportes marítimos que escondían esas marcaderías que nadie abrió jamás, una tenía la fecha de llegada de Junio de 1976. Esas mercancías supongo que ropajes extravagantes o objetos de poco uso dormían allí esperando otro tiempo. Un otro tiempo que yo iba desgastando con la paciencia torpe de un grano de arena que cae en la otra cara del reloj. Nunca tuve curiosidad por conocerlas, por verlas, quizás incluso por robarlas. Hubiera implicado una acción y yo vivía desde hace bastante tiempo en una inacción de Melville que llenaba de vacíos todos los llenos sin contenidos de mi vida.

Mañana cumpliré cuarenta años, y cuando salga lo celebraré. Quiero decir, cuando llegue Mauricio y Julián, los sustitutos matutinos, y hagamos la transmisión orfebre y burocrática del parte y las incidencias, casi siempre o bien ninguna o bien sin importancia: “parece que aquel cristal está suelto”; “alguien tocó la puerta a las cinco menos cuarto”, invitaré a un café con porras a Pedro Sasig en “Layetana” el bar cafetería que a la salida del Polígono nos da los buenos días, queriendo decir buenas noches, por las mañana y nos anima a dormir justo cuando entramos a trabajar.

Seis días a la semana, cuatro semanas al mes, once meses al año, en los últimos tres cambie las vacaciones por el dinero de trabajar un mes más, un dinero que desapareció como aparece desaparecer mi dinero, en la nada, en el tiempo vacío, en lo estático y dinámico de la vida.Quizás en la búsqueda de un yo, que murió y está enterrado pero al que no acabo de encontrar en su lápida.

Cumpliré cuarenta años y, según vengo pensando, debería dar un cambio a mi vida. Nada de iniciar revoluciones como aquella de los años jóvenes y los pelos largos, nada de cambiar ni traicionarme, me conozco demasiado como para no saber que traicionarme serviría para engañarme y, después, desengañarme y llorar de nuevo en otro almacén nocturno de la vida.

Cambiar, pero ¿Como?, ¿Cuando?

Pregunté, a voz en grito en la soledad vacia del almacén y eso despertó a Pedro que me llamó sospechando por el walkie talkie. Lo agarro, no sin tropezar con la pistola colgante y digo: “Todo bien, cambio”- fue mi respuesta plagada de administrativismo pero rodeada de un tallo de rosal espinoso y verde infinito.

Por supuesto que todo va bien, el mundo se cae, una bomba atómica acaba de explotar justo aquí, la humanidad se muere, se seca, se ahoga, se asesina pero todo sigue bien. Solo cumplo cuarenta años.

No grito solo. Tomo una de las maniquíes, sorprendentemente vestida con alguna ropa de la moda de hace cuatro o cinco años y simulo bailar. Cargándola, sugiriendola, incluso tocándola con despreocupación y disimulo, chocando con mis piernas torpes contra su cuerpo inmovil, contra la pistola eterna, contra mi mismo. ¿Que haré?

Bailo, bailo como un maldito, como un maldito que oye la furia de Wagner en su oído y siente como el espacio vacío del almacén, como de exposición de arte, simula ser su propio caparazón diario y yo mismo, guardia de seguridad, soy mi propio corazón, cansado. La propia vaciedad, los objetos de vida que son solo manecillas, piernecillas, torsillos, de un reloj gigantesco. Incluso el silencio muestra esa maquinaria inmarcesible, tic, tac, rum, rum lejanos de mi propio ser. Pero ¿quien es Sasig en todo esta cosmogonía imperfecta?, ¿quien soy yo y porque dejé las clases de la universidad para venir a este mundo de cincuenta metros, dos centrímetros y una pistola que, realmente, no se si funcionaría en caso de necesitarla?

Mañana cumplo cuarenta años y, lo que es peor, ¿Que me queda por vivir?, ¿a que puedo aspirar?. Conocido que el amor me fue negado, lo intenté, las quise, me quisieron un rato pero luego el tedio, la vida, la escasez de horizontes o simplemente mi cara simplona e hirsuta las alejó. Al principio me dejaban como los maniquíes desvencijados, deprimidos, sin estructura, en equilibrio frágil pero poco a poco me construí un mundo de soledad y silencio que si bien no me agredía, tampoco me producía ningún placer. Era como comer esa comida de fast food que llena sin alimentar, o quizás que alimenta mal llenando o puede que solo nos haga gastar el dinero como a mi el tiempo me hace gastar mi vida.

Mañana cumplo cuarenta años y no daré una fiesta, ojalá tuviera amigos suficientes, no me emborracharé ni tampoco me iré de putas. Solo saldré y tomaré un café, como todos los días como cada día. Invitaré, esta noche, imaginariamente a los personajes del libro que leo, After dark de Murakami, un libro de nocturnos, solos y violencias, casi como yo mismo. Estos personajes, transmutados en maniquíes me esperan allí delante: Melissa, Virginia, Septimus, Joseph, John, Amaranto, Lupe y todos ellos, como una santa compaña o como los agresivos, veraces y píos seguidores de la santa muerte, me jalearán con sus sonrisas Duchenne hasta la muerte de los segundos cuarenta años. Aquellos que salvo una mala broma del destino, jamás cumpliré.

El vacío me espera, los cuarenta años están allí. Al menos tengo los maniquíes, el tiempo que se agota y huye como voluta de humo y la pistola que sin vergüenza ni lloriqueos tengo aquí.

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Wed, 25 Mar 2009 06:16:10 +0100
(349) Maltrato http://almadormida.nireblog.com/post/2009/03/22/349-maltrato http://almadormida.nireblog.com/post/2009/03/22/349-maltrato - "...pero..¿porqué le mató?" - Le pregunto inquisitorial el fiscal.

- "Por la pérdida de la voz" - constesto algo absurdo.

- "¿Como es eso?, expliquese".

- "Yo perdi la voz por un resfriado invernal, de esos de los que se cuelan por debajo de la puerta. Cuando recibí aquel día en la oficina la llamada de mi mujer, me di cuenta que no podia indicarle que volvería tarde puesto que tenia mucho trabajo. Le pedi ayuda a Aparicio para que le trasladase ese mensaje". - "¿Le mato por dar un mensaje que usted le pidió dar?" - Preguntaba sorprendido el fiscal.

- No, no fue por eso, fue ver a mi mujer comprensiva con la llegada tarde de otro hombre, con la naturalidad de un matrimonio, que era el mio pero que no era yo, la vi engañandome en ese instante, la vi con Aparicio yaciendo. .. por eso, por los celos, por un ataque de celos, le mate.

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Sun, 22 Mar 2009 13:27:19 +0100
(348) La hora http://almadormida.nireblog.com/post/2009/03/15/348-la-hora http://almadormida.nireblog.com/post/2009/03/15/348-la-hora
Resistente
como una fría y corta barra de acero en la madrugada.
Amarillo como Hung en bicicleta un martes (con comida hirviente detrás).
Miedoso como el vagón vacío en el último trayecto.
Chirriante como la razón y la justicia, la razón y la sociedad, la justicia y la sociedad

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Sun, 15 Mar 2009 09:48:44 +0100
(347) 11m http://almadormida.nireblog.com/post/2009/03/11/347-11m http://almadormida.nireblog.com/post/2009/03/11/347-11m "La muerte es de hierro: Cuajada de negra sangre, frío y caliente de muerte. El humo es negro y gris túnica postrera de la némesis. El humo es la blonda de la muerte, como un heraldo.

El suelo brota en rocas marcianas, de trozos de alma y pedazos de risa, sonrisas, momentos y vida ajados, deslavazados, ajenos entre sí, chirriando como en locura, retumbando en un instante eterno. Bailando sin estar y riendo sin sonido, en una locura de eterna sinrazón. Un zumbido fuerte, muy fuerte ataca.

Ese instante dura la vida, una vida acaba en ese instante, un reloj marca un segundo, una vida se extingue,

una segunda luz negrísima deflagra y tiñe aún más de tibia muerte los gestos asombrados de los hermanos. Mancha de yeso las caras de los hombres y los convierte en calaveras polvorientas, por el tiempo, por el daño, por el estruendo sin música del estrambote.

Hoy es eterno, la muerte es eterna, su lluvia funesta y triste no parece acabar.El zumbido grave y siniestro de tímpano tañe cronográfico en los interiores.

El hierro se puebla de mis trozos, el mundo se vuelve mi enemigo,

la naturaleza manipulada por los malvados hiende mis carnes, me muere, me asesina, me abre el pecho y se lleva mis vísceras,

quedo sin mi cabeza, sin mi alma, sin mi espíritu y sin mi corazón, solo lo fácil de robar

Se acabó el futuro, la risa y el tiempo. En este instante eterno, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero, me muero."

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Wed, 11 Mar 2009 05:35:11 +0100
(346) Agresores constructores http://almadormida.nireblog.com/post/2009/03/05/346-agresores-constructores http://almadormida.nireblog.com/post/2009/03/05/346-agresores-constructores El puerto, la puerta, la calle abierta, el aire constante y delante quedó atrás.

El pasado, el tiempo, la construcción, la muerte térmica, la mierda.

Ahora delante de los ojos una bola de inmenso muro, un gólgota de cruces disímiles y atonales marcar la escarificación terrible de mi horizonte.

Ahora veo el aire lleno de nadas, antes veía la nada llena de aire.

El tiempo lleno de robos, antes el robo del tiempo solo lleno de aire.

Todo mierda, de constructores, de ladrones, de Alí babás vendedores de nada, compradores de todo, adueñadores de lo de arriba, abajo, este y oeste.

Gentuza mala que llenan el aire de miasmas metempsicóticas.

Su delito, el mañana.

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Thu, 05 Mar 2009 19:44:25 +0100